• Ejercicio en la tercera edad

    Los jóvenes normalmente perciben que el ejercicio es una herramienta ideal para lucir un cuerpo tonificado y esbelto, pudiéndose convertir en un estilo de vida para “sentir aceptación” en algunos grupos sociales.

    En cambio, en el grupo poblacional perteneciente a la tercera edad, las razones para hacer ejercicio no coinciden con las de la juventud, motivo por el cual la mayoría no incluye el ejercicio como parte de su esquema de vida. Nada más alejado de la realidad, ya que los beneficios que éste provee a la población se acrecientan en los grupos de adultos mayores.

    Basados en múltiples estudios a lo largo de muchos años, se han recogido evidencias fuertes y moderadas de los beneficios que aporta la actividad física regular, de las cuales mencionamos la disminución del riesgo de: muerte prematura, cáncer de colon y mama, dolor e incapacidad asociada a la artritis, caídas y fracturas, diabetes tipo II, hipertensión arterial, infarto del miocardio, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, depresión, ateroesclerosis, accidentes cerebro vasculares, insomnio, molestias propias de la menopausia. Además, mejora la capacidad cardiorespiratoria, mejora la capacidad de aprendizaje, así como las funciones mentales y reduce el riesgo de sobrepeso.

    Cuando revisamos esa lista nos damos cuenta que todas son enfermedades bastante comunes en los adultos mayores y si bien la idea es prevenirlas e iniciar el ejercicio en edades tempranas, no está dicho que por ser adulto mayor no se pueda empezar a disfrutar de los beneficios que ofrece el ejercicio. Entonces ¿cómo empezar de manera segura?

    Si la persona ejercita desde hace tiempo, primero debe acudir a la consulta con médicos preparados para realizar un chequeo previo. El profesional estará en capacidad de decidir si el paciente está en condición de hacer ejercicios con o sin supervisión especial, dar un esquema de entrenamiento según las condiciones particulares de esa persona, tal y como si estuviese recetando un medicamento y posteriormente, hacer seguimiento de su evolución.

    De igual manera, está en el deber de referir al paciente con otros especialistas si hay alguna enfermedad específica que amerite control y ajustes, así como exámenes especiales. El paciente deberá informar al médico si consume medicamentos y cuáles son, así como las dosis de los mismos.

    También los médicos preparados en el área de recetar ejercicios, deben actuar como entes estimuladores continuos para evitar que los pacientes desistan de llevar una vida más activa y al mismo tiempo, realizar los ajustes pertinentes para que el paciente pueda sentir los beneficios prontamente con mínimas molestias.

    De igual manera, cualquier esquema de ejercicios debe contener 4 fases que permitan acondicionar el cuerpo de manera eficaz y prevenir lesiones: calentamiento, condicionamiento (actividad aeróbica, resistencia, etc.), enfriamiento y por último, estiramiento.

    Todas las fases son necesarias, pero referente al condicionamiento, el mismo debe ser variado, cumpliendo un tipo de ejercicio diferente cada día (alternada) incluyendo fuerza, flexibilidad, resistencia aeróbica y equilibrio. El ideal es que se cumplan 30 minutos diarios, 5 veces a la semana, pero dependiendo de la condición de salud, el ejercicio puede realizarse por períodos intermitentes de 10 minutos continuos varias veces al día o tanto como sus habilidades o condición se lo permita, intentando cada vez superar sus capacidades.

    Debemos tomar consciencia de que la tendencia de la población es aumentar el consumo de medicamentos al pasar los años, pero aún así, las personas no siempre logran sentirse sanas sino, por el contrario, se sienten etiquetadas como enfermas y discapacitadas. También es conveniente considerar que los riesgos de caídas y fracturas aumentan con la edad. Debido a esto, hay que darle un espacio importante al ejercicio en la rutina diaria de vida y recordar que: “Más es mejor que menos y algo es mejor que nada”.

    Cambios graduales llevan a cambios permanentes.

    La actividad física es una herramienta clave para mantener una buena salud, reducir el consumo de medicamentos, evitar las caídas con sus graves consecuencias y sobretodo, ayuda a mantener un espíritu jovial y alegre en las personas mayores.

    Es parte de la responsabilidad médica saber guiar a los adultos mayores en la escogencia de la actividad física que se adecue a su condición particular de salud, así como del personal que labora en los centros deportivos a prestar una atención dedicada a este grupo etario que asiste a realizar ejercicios, en lo referente al tipo de actividad física, cómo realizarla para evitar lesiones, además de mantenerlos animados a continuar ejercitándose. Solo así podremos asegurar una vejez feliz.

    Fuente: http://notimagazine.com/2014/08/ejercicio-en-la-tercera-edad/#sthash.879zuqRA.dpuf